30 Diciembre 2011
http://www.youtube.com/watch?v=XDSsaimvV6Y he sido tan estúpida, tanto que deseo que nadie entre en este mundo. tanta gente hay asi q me da lastima. lastima ya que no es un estilo de vida diferente. es un estilo q te lo arrebata todo. ser la persona que era antes de esto seria mi mayor regalo.
ver que la seguridaad social ayuda en esto sera mi mayor logro.
servido por Estefania
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17 Noviembre 2011
CAPÍTULO 13
Dafne tenía apuntes del instituto, era lo único que
le dejaban tener en la unidad aparte de libros
de lectura. Ella intentaba estudiar para los
próximos exámenes que tuviera, pero era incapaz de que se
le quedara algo en la cabeza. Tanto ruido en la unidad, tan
preocupada por sus pensamientos malignos... Era todo,
era un cúmulo de cosas.
Aun así, ella intentaba ordenar los apuntes, y por medio
de sus padres Dafne podía acceder a los apuntes que se
daban en clase mientras ella no estaba, fotocopiando los
apuntes de Beatriz.
Estuvo dos semanas sin poder tener visitas ni llamadas...
pero ella pensó una forma de estar al tanto de todo por medio
de los apuntes: le contaba todo a Elena por cartas dentro
de los apuntes, y Beatriz le respondía.
Dafne era tan cabezota que le contó a su amiga los trucos
para no comer o atiborrarse y vomitar que tenía ella al día.
A su amiga eso no le gustaba, así que le dijo lo que pensaba
por medio de una carta. Fue bastante clara y le dijo que si
estaban en contacto o si quería seguir siendo su amiga debía
recuperarse y no estar haciendo trucos de nada.
Dafne leyó la carta una mañana... No pudo más y se echó
a llorar delante de los apuntes. El personal sanitario no
entendía por qué de repente empezaba a llorar. Nunca se
imaginaron que eran por la carta que había recibido.
Dafne se lo pensó muy bien... pero la enfermedad podía
más... ya estaba su cabeza repleta de enfermedad anoréxica.
Le quitaron los apuntes, los libros de lectura y le prohibieron
jugar al ping-pong, ya que ella no ponía de su parte:
no comía, le encontraron un día la comida escondida dentro
del pijama, y no subía de peso.
Dafne ya no era la misma que había ingresado...
- Te lo juro que yo no le he dado el pan a Manolo -dijo
Dafne muy asustada por lo que había pasado.
En la planta había un paciente diabético, pero a Dafne
nunca se le podría haber ocurrido darle la comida a Manolo.
- Y entonces, ¿dónde está el pan de esta mañana?, porque
tú no te lo has comido... ¿Dónde lo has escondido? -le dijo
Dévora, una enfermera de mañana.
- Os juro que no se lo he dado a Manolo. Sé que es diabético...
No me echen la culpa de que se le haya subido el
azúcar -dijo Dafne una y otra vez.
A Manolo le había dado una subida de azúcar, algo en lo
que Dafne no tenía nada que ver... por lo menos ese día.
Dafne no paró de dar vueltas y de decir siempre lo mismo:
"Yo no he sido".
El pan de ese día se lo había dado a Tomás, y Tomás lo
tiró por la rendija de una ventana. Dafne no tenía la culpa
de nada, pero todos se volvieron contra ella.
Por supuesto que nunca dijo cómo se había escondido el
pan, y era lógico que no se lo había comido, ya que le encontraron
en el pijama el queso.
Dafne no se despegaba de la habitación de Manolo... Veía
todas las cosas que tenía: mascarilla, suero, el motor de paradas...
Dafne tenía miedo de que si se moría Manolo todos la
culparan, así que lo que menos quería era que se muriera...
Quería que se recuperara para que dijera la verdad.
El psicólogo, Pablo, veía a Dafne desbordada y fuera de
sí, así que la mandó a su habitación y la obligó a tomarse
el batido.
- ¡No lo quiero! -decía Dafne.
- ¡Siéntate! ¡Para de dar vueltas! -le exigió Pablo.
- ¡No! ¡Yo no tengo la culpa! -decía Dafne sin parar.
- ¡Tómate el batido! ¡Ya has perdido el tino! -dijo Pablo.
- ¡Te lo tomas tú si te da la gana! -le dijo enfadada Dafne
a Pablo.
- Mira que llamo al celador para que te ate ahí en la cama
-dijo Pablo.
- ¡Déjame! -dijo Dafne.
- Vale... ¡Michael! -grito Pablo desde la habitación.
- Dígame -vino corriendo el celador.
- ¡Ponle las amarras en la cama y túmbala ahí! -le dijo
Pablo a Michael.
- ¡¿Están locos?! -gritó Dafne.
- No, la que has perdido el tino eres tú -le dijo Pablo,
mientras ponía las amarras en la cama.
Dafne salió corriendo de la habitación y Pablo salió corriendo
detrás de ella...
- ¡Solo quiero irme de aquí! -dijo Dafne mientras lloraba.
- ¡Sal del baño o Michael te llevará en brazos! -le dijo
Pablo a Dafne ya enfadado.
- ¡Dejadme quieta! -era lo único que repetía una y otra
vez Dafne.
- Cogedla y llevadla a la cama -ordenó Pablo.
- ¡Nooo! -gritaba Dafne mientras la cogían de brazos
y pies.
La ataron solo el abdominal.
- ¿Le ponemos los brazos y los pies? -preguntó Michael.
- No, de momento solo déjala así hasta que recapacite
-dijo Pablo.
Le trajeron una pastilla para que se relajara, pero ella,
con toda su "mala leche", la tiró.
- Ok, la pinchamos -dijo Nadia, una enfermera poco
querida allí.
Y, efectivamente, la pincharon y la dejaron allí hasta la
merienda. Dafne no dejaba de ser cabezota y no quería comer
todavía...
Sobre las 18:00 la desataron. Enfadada, no quería hablar
con nadie. Y por supuesto, no probó nada de la cena.
Al día siguiente...
Manolo ya estaba mejor, ya caminaba y cantaba sus canciones...
Era casi todo normal, menos porque estaban Raquel, Ancor
y Luis, además de ser fin de semana.
A Dafne no le caían nada bien esas tres personas, pero
como quería salir rápido ni les dirigía la palabra.
Llegó la hora del almuerzo y Dafne lo único que se comió
fueron las verduras... Luego, a escondidas del personal sanitario,
brincaba y saltaba para quemar calorías.
Manolo la estaba viendo y le pidió que cambiara de canal.
Dafne se negó y le dijo que se levantara él si quería. Manolo,
enfadado, le dijo algo sobre su pecho.
A Manolo se le iba la mano y tenía a Dafne como a su prostituta,
aunque ella no decía nada por miedo. La tocaba y le
hablaba de actos sexuales. Ese día Dafne no aguantó más y...
- ¡Eres un viejo verde! -le dijo Dafne a Manolo.
Dafne se acercó a Manolo para darle un bofetón, ya que la
estaba intimidando, con tan mala suerte que no le pudo dar
el bofetón, ya que Ancor, el enfermero, la paró a tiempo.
- ¡Aquí no se le levanta la mano a nadie! -dijo Ancor.
- ¡Oye! ¡Que me tiene harta, es un viejo verde y me ha
estado tocando! -dijo Dafne ya indignada.
- ¡Ha estado saltando para lo poco que comió! -saltó
Manolo.
- ¡Usted se calla, estúpido! -dijo Dafne.
- ¡No se le falta el respeto aquí a nadie! ¡Y siéntate! -dijo
Ancor.
- Pero... -quería hablar Dafne.
- ¡Que te sientes o te ato! -dijo Ancor ya enfadado.
- ¡Pero que me ha estado...! -no le dejo terminar Ancor a
Dafne.
- ¡Luis! Ayúdame, que la vamos a llevar a su habitación
-le dijo Ancor a Luis.
- ¡No! ¡Escúchame! -le decía Dafne a Ancor.
Ancor la cogió del brazo y la arrastró por todo el salón.
Luego, Luis la cogió en brazos mientras Dafne gritaba.
- ¡Como coja al viejo ese se va a enterar! -gritaba Dafne.
- ¡Déjame! -le decía Dafne a el personal sanitario.
La levantaron al vuelo y la pusieron en la cama. Esta vez
sí la ataron de pies y manos, aparte de del abdominal.
- ¡Dejadme! -gritaba Dafne.
- Estás enferma y solo te queremos ayudar -dijo Ancor
mientras la ataba.
Al final, cuando la ataron, Ancor cogió y cerró la puerta
con llave. Dafne no paraba de gritar:
- ¡Se lo diré a Alba!, ¡se van a enterar! -gritaba una y otra
vez desde su habitación al personal sanitario.
A los 10 minutos de que Dafne se hubiera relajado un
rato entró Raquel...
- ¿Qué haces aquí? ¡Déjame de una vez por todas! ¡Vete!
-decía Dafne.
- Pues ahora que me lo dijiste tú me quedo aquí -respondió
Raquel.
- ¡Estás loca! -le grito Dafne.
- Pues mira que yo no estoy atada y tú si... entonces la
loca eres tú -le dijo Raquel.
- ¡Diossssssssss! ¡Déjameeeee! -gritaba Dafne.
Después de estar discutiendo, Raquel se marchó y la dejó
ahí atada sin poderse mover nada...
Dafne empezó a llorar y a pensar en por qué le pasaba
eso a ella. Solo podía mirar al techo y gritar que la soltaran.
Era horrible... esas paredes color verde limón la estaban
matando.
La dejaron hasta el siguiente turno... a las 17:00 de la tarde
para ver si comía...
- Tranquila Dafne -le decía Andrea a Dafne.
- Yo no he hecho nada malo esta vez -le decía a Andrea
mientras la desataban.
Dafne, con tal de salir de ese sitio maligno, empezó a comer
todo lo que le daban...
- Tranquila Dafne, come tranquila, ya ha pasado todo,
deja de llorar... -le decía Andrea a Dafne.
- Pero...pero... -no podía ni hablar...
Dafne, asustada, comió la merienda y la cena... todo.
Dentro de dos días la iban a sondar, pero ya lo que ella vivió
no lo quería vivir más. Tenía miedo, pavor...
servido por Estefania
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16 Noviembre 2011
CAPÍTULO 12
El endocrino tocó el timbre mientras Dafne se
encontraba en una sala donde había una mesa de
ping-pong, además de una pelota de baloncesto y
una canasta.
Le abrieron la puerta al endocrino y éste se dirigió rápidamente
hasta la oficina. Esa misma mañana le habían sacado
muestras de sangre a Dafne para saber cómo estaban
sus niveles en el cuerpo.
- Bueno, a esta chica le faltan muchas vitaminas, además
de que se le están disparando las hormonas. Es demasiado
peligroso. Voy recetarle unos batidos proteicos... mañana,
tarde y noche -dijo el endocrino.
- Si sigue con la pataleta de no comer lo haremos por vía
sonda. Vamos a dejarle un margen de una semana -le dijo
el endocrino a la psiquiatra.
- Me parece buena idea -dijo la psiquiatra.
- Antes de irme quiero conocer a la chica y explorarla un
momento -dijo el endocrino.
- De acuerdo -dijo la psiquiatra.
- Ella se encuentra en el "gimnasio" (lo llamaban gimnasio
no se sabe ni por qué, ya que aquello era lo menos
parecido a un gimnasio) -dijo la psiquiatra.
Se dirigieron los dos hasta Dafne... El endocrino fue claro,
y le dijo que comiera y que, aparte, se tomara los batidos
porque si no iba a ser por vía sonda.
Dafne seguía sin tenerle miedo...
- Te dejamos de margen una semana -dijo el endocrino.
Ese mismo día vinieron a la unidad un forense, una jueza
y un secretario. Querían hablar con Dafne.
Les prestaron un despacho y llevaron a Dafne hacia él.
- Hola Dafne, somos el forense, la juez y el secretario,
quienes ahora nos vamos a hacer cargo de ti. No vamos a
dejar que te mueras, así que le voy a dar mi consentimiento
al personal por si hay que sondarte -le dijo la jueza sin más.
- No pienso tomarme esos batidos asquerosos -dijo
Dafne.
- Bueno, creo que te han dicho que te van a dejar un margen
de una semana, ¿no? -dijo la jueza.
- Sí -respondió Dafne.
- Bueno, piénsatelo porque no es ninguna broma -dijo el
forense.
El forense no paraba de mirarle las manos a Dafne... Las
tenía tan frágiles y rojizas... y además tenía una cicatriz en
los dedos de introducírselos en la boca para vomitar. Daba
pena cómo se estaba dejando ir Dafne... Sus estudios, su
salud...
Ya era hora del almuerzo.
- Dafne, ven a la mesa a comer -le dijo el celador.
- No tengo hambre, no quiero comer -dijo Dafne.
- Bueno, por lo menos tienes que quedarte una hora delante
del plato. Son las indicaciones que me han dado -dijo
el celador.
Dafne, refunfuñando y enfadada, se sentó en la mesa.
Había un celador, y Andrea vigilando mientras comían...
- ¿No me van a dejar tranquila o qué? -le dijo Dafne a
Andrea.
- Tenemos que estar aquí, son ordenes -dijo Andrea
mientras se sentaba al lado de Dafne.
- Creo que esto es una llamada de atención enorme -dijo
Andrea.
- No tienes ni idea -le contestó Dafne muy enfadada.
- Y entonces, ¿por qué no comes, coges el peso que tienes
que coger y luego haces fuera de aquí lo que quieras? -dijo
Andrea indignada.
- Porque así no es el tema. Entraría y saldría así toda mi
vida de esta unidad. Quiero que respeten mi forma de vivir
-dijo Dafne.
- Bueno, yo este tema nunca lo he entendido -dijo Andrea
mientras le retiraba el plato a Dafne.
Dafne cogió y se fue a su habitación... Ahora sí la tenía
abierta, y eran las dos de la tarde. Dafne tenía un sueño
terrible y se quedó dormida.
Eran las 16:30 y levantaron a Dafne para que se refrescara
antes de que viniera la merienda.
Ahora habían cambiado el turno. Estaban una celadora,
Kate, un enfermero, Julián y, de nuevo, Raquel.
Dafne no quería merendar ni tampoco salir de la habitación,
cosa a la que luego le obligaron. Después, cerraron la
puerta de su habitación con llave.
- ¿Qué es lo que quieres? -le dijo Kate a un paciente.
Era la hora de la merienda y todos se encontraban en un
ridículo comedor...
- Galletas, leche con Cola-Cao, mermelada, una manzana
y bizcocho -dijo un paciente.
Dafne se quedaba perpleja de cómo comían todos... Además,
la merienda se repartía con el carro delante y los pacientes
elegían su merienda.
- Pues yo quiero un yogur, mermelada, galletas, mantequilla
y leche con descafeinado -dijo otro paciente.
Al terminar con todos los pacientes Kate y Raquel se dirigieron
a Dafne a ver qué era lo que quería...
- Nada -respondió Dafne.
- Algo tienes que comer -dijo Kate.
- Déjala Kate, le pondremos lo que nos parezca en la bandeja
-dijo Raquel con "mala leche". Raquel llevaba ocho
años en la misma unidad. Era arisca, vieja y muy delgada.
Además de muy fea.
Le pusieron galletas, mermelada, una fruta, leche con
Cola-Cao y un yogur. Obviamente, Dafne no se comió nada
de la bandeja.
El enfermero de turno, Julián, trajo la medicación para
todos los pacientes y el batido de Dafne. Dafne se negó a
tomarse el batido, y ya había advertido de que no quería
más medicación.
Se quedó una hora delante del batido. Mientras, Kate se
sentó a su lado e intentó con buenas formas que se tomara
el batido al menos...
- Déjame -le dijo Dafne a Kate.
- ¡Oye! No seas maleducada... no les permito a mis hijas
que me hablen así, y contigo no va a ser de otra manera.
De hecho, tengo una hija de casi tu misma edad, así que
respétame -dijo Kate enfadada.
- Yo no te estoy faltando al respeto -dijo Dafne.
- Levantándome la voz y echándome sí que me estás dejando
de respetar -dijo Kate.
- Bueno, pues quédate ahí, me da igual -contestó Dafne.
Al principio Dafne odiaba a todos, y eso incluía a Kate,
que luego fue como su madre en la unidad.
Kate no habló más con Dafne, ya que era muy difícil tener
una conversación con ella por sus ironías.
Le retiraron el batido y la mandaron al salón. A que se
sentara y no hiciera nada de ejercicio.
Dafne, indignada, se estiraba en los sillones. Lo poco que
sabía de ballet intentaba hacerlo sin que se dieran cuenta,
pero eran demasiado cantosos sus estiramientos, y le llamaban
la atención a cada minuto.
- ¡Estoy harta de todo esto! ¡No me dejan hacer ni estiramientos,
ni irme a la habitación, y ni si quiera sé con quién
hablar, ya que aquí todo el mundo va a su tema! -le dijo
Dafne a Julián.
- Es lo que te has ganado. Si no hubieras bajado tanto de
peso ahora no te estaríamos dando la lata. Además, son órdenes
que nos dan los superiores. No hay más que hablar,
si te veo otra vez haciendo ejercicio te ato en la cama -le
dijo Julián muy serio a Dafne.
- ¡No tienen derecho a decirme cuál es mi peso ideal! -
dijo Dafne.
- Sí que lo tenemos. Aquí no dejamos que nadie se muera
de hambre, y menos tus padres -le dijo Kate a Dafne.
Dafne empezó a hacerse amiga de los enfermos, y de hecho
era muy manipuladora, así que les manejaba a todos
como títeres; primero a los enfermos, ayudándoles a quitarle
la comida y comérselo ellos, y luego al personal sanitario.
Dafne tenía una cara bastante inocente; nadie se
imaginaba cómo era realmente.
Era de noche y ya era la hora de la cena...
- Vengan todos, que ya llegó la comida de la cocina -dijo
Raquel.
Bufffffff -pensó Dafne... no tenía ningunas ganas de ir a
ese comedor tan ridículo... pero debía ir...
Todos acabaron menos Dafne. Le hicieron quedarse una
hora delante del plato. Uno de los enfermos se dirigió hacia
el comedor y le dijo que dejara la bandeja en el carro si
no quería comer. Pero ella no podía hacer eso, algo que no
entendían los enfermos de allí.
- ¡Dame la manzana! -le dijo Tomás, un enfermo, a Dafne.
Tomás odiaba las manzanas, y más las manzanas rojas,
pero quería ayudar a Dafne, así que se la cogió de la bandeja
para esconderla.
Kate estaba al tanto y cuando vio que le faltaba la manzana
empezó a discutir con Dafne:
- ¿Dónde está la manzana? -dijo Kate.
- Me la he comido -mintió Dafne.
- ¿Tú crees que me he caído de una higuera? ¡¿Dónde están
los restos de la manzana?!
- ¡He dicho que me la he comido! -dijo Dafne aumentando
la voz.
- ¡No mientas! ¡¿Dónde está?! -ya estaba muy enfadada
Kate.
Empezó a buscar por todos los sitios hasta que dio con
Tomás y la manzana...
- ¡Tú te crees aquí la diva de todo! Ahora el pobre Tomás
se llevará una bronca por tu culpa -dijo Kate muy enfadada.
Dafne no quería ver ni en pintura a Kate ni a Raquel. Les
tenía manía por estar todo el rato encima de ella. Pero eso
era lo que había allí, dentro de esa unidad.
Dafne solo quería que le quitaran el plato de delante para
poderse ir a dormir. No tenía más ganas de discutir con el
personal sanitario. Estaba cansada y casi sin fuerzas.
Dafne, en vez de coger peso, perdía peso cada día... su
salud se estaba deteriorando mucho, y no solo su cuerpo
sino su cabeza también.
Al cambio de turno solo quedaba un celador y un enfermero
de noche.
Todo el mundo pensaba que Dafne tenía anorexia nerviosa,
algo en lo que se equivocaron muchos desde sus 12
años. Dafne en realidad tenía una mezcla de anorexia y bulimia.
Con esa enfermera le gustó más, ya que no la obligaba a
comer, pero Dafne ya estaba teniendo una crisis de ansiedad,
así que cogió y se bebió dos vasos de leche con Cola-
Cao y cogió varias galletas que se escondió en la bata del
pijama de allí.
Esa noche comió hasta que no le quedó más comida... A
la 01:00 de la madrugada empezó a vomitar en el cuarto de
baño que tenía en su habitación. Luego pidió una pastilla
para dormir.
Los restos de los paquetes de galletas los metió todos en
una botella de agua vacía, dentro de la bata del hospital.
Al día siguiente no sabía cómo deshacerse de la botella,
así que dejó la bata colgada en el aseo. Pero...
La limpiadora limpiaba el aseo y lavaba los pisos cuando
vio esa botella y se lo comunicó a los profesionales de allí.
Dafne veía que varios enfermeros y celadores iban a su
habitación, cogían una bolsa de basura y la llevaban hacia
la oficina...
- ¿Qué pasa? -le dijo Dafne a Andrea.
- Ni idea... -contestó Andrea.
Dafne se lo imaginaba, y se quedó bastante avergonzada.
A ella no le dijeron nada, pero ya sabían que no tenía anorexia
solo, sino ataques de atracones y vómitos.
servido por Estefania
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16 Noviembre 2011
CAPÍTULO 11
Dafne había llegado al hospital. Estaba ya todo
controlado, ya se sabía que una chica con
trastornos alimenticios iba a ingresar.
Tuvo que esperar unas dos horas en observación hasta
que la psiquiatra y el psicólogo vinieron a verla.
El psicólogo, Pablo, le preguntó a Dafne:
- Nos conocíamos, ¿verdad?
- No, yo no te he visto en la vida -dijo Dafne con un tono
de retintín.
- Vale -dijo el psicólogo. Y se fue.
La psiquiatra envió a Morgan y a Dafne a una consulta...
- Yo a usted la conozco, pero a su hija no me acuerdo de
haberla visto... -le dijo Alba a Morgan.
- Sí, ya he estado aquí un par de veces... Con mi otra hija,
Marga, y con Dafne también, cuando se tomó unas pastillas
-dijo Morgan.
- Entonces de su hija Dafne no me acuerdo. Será porque
ha perdido mucho peso... -dijo Alba.
- ¿Cuándo se tomó esas pastillas? -le preguntó la psiquiatra
a Morgan.
- Hace unos tres o cuatro años. Le hicieron un lavado de
estómago y estuvo desde por la mañana hasta por la noche
en observación. Por la noche salió -le dijo Morgan a la psiquiatra.
- Bueno, cambiando de tema: su hija va a ser hospitalizada
en la unidad de intervención breve para subirle de peso
por lo menos hasta el I.M.C. de 19 -dijo Alba.
- Si hace todo bien, en dos semanas puede que salga del
hospital -se dirigió Alba a Dafne.
Dafne no decía ni una palabra. Estaba enfadada con su
madre por haber dejado que la ingresaran.
Dafne era menor, pero de todos modos entró con una orden
judicial.
- Bueno, es hora de que su hija vaya a la unidad -dijo la
psiquiatra. Después se levantó de su cómodo sillón y mandó
a Dafne con un celador para que fuera a la unidad.
Mientras caminaba por el pasillo de urgencias hasta la
unidad, Dafne miraba hacia atrás por si su madre se arrepentía
y no la ingresaban. Para Dafne era muy difícil saber
lo que podía haber dentro de esa unidad. Ella siempre había
pensado que los enfermos mentales de otro tipo serían peligrosos...
Pero se iba a llevar una gran sorpresa para ella.
Abrieron la puerta... Era la auxiliar de turno... Se llamaba
Raquel. Cogió la bandeja de comida del almuerzo y cerró la
puerta. Dafne tenía un gran miedo.
- Aquí te dejo la comida -dijo Raquel dejándola en el comedor,
donde solo había dos mesas y ocho sillas bastante
pesadas.
Dafne no quería comer, pero por lo menos se comió una
mandarina.
- ¿Solo eso te comes? -le dijo Raquel a Dafne.
- Sí, no tengo más hambre -contestó Dafne con miedo.
- Vale -dijo Raquel, y le quitó la bandeja de delante.
Raquel se lo comunicó al enfermero de tarde. Así, el enfermero
se dirigió a Dafne y la consoló diciéndole que poco
a poco lo conseguiría. Dafne no quería conseguir nada,
quería salir de esas cuatro paredes verde limón.
Dafne tenía mucho sueño, pero no la dejaban ir a su habitación,
únicamente podía estar en el salón, con unos sillones
tan incómodos y viejos... Además, era la única chica;
los demás eran chicos. No sabía con quién hablar.
Dafne se durmió en un sillón bastante incómodo en el
que, cuando te sentabas, notabas los hierros. Aun así, se
durmió. El enfermero tuvo compasión por ella y la dejó irse
a la cama hasta la hora de cenar.
A la hora de cenar...
- ¡Venga! ¡Levántese! Es hora de ir a cenar -dijo Raquel.
- No tengo hambre, dejadme estar aquí -dijo Dafne.
- Me da igual, vas y miras el plato, y si no te levantas te
levanta el celador, ¿eso es lo que quieres? -dijo Raquel.
- Vale, tranquila... ya me levanto -dijo Dafne.
Raquel había cambiado como de la noche al día... Cuando
llegó Dafne la había tratado como a una niña indefensa,
y luego la trataba al trancazo...
Dafne empezó a pensar que eso era lo que hacían con las
anoréxicas y bulímicas en esa unidad. Que todas las enfermeras/
os, celadores y auxiliares tenían ese derecho.
Dafne no comió nada, así que tuvo que esperar delante
del plato una hora. Luego se lo quitaron y la enviaron al
salón. El enfermero no quería que se le bajara el azúcar, así
que le trajo un yogur desnatado y le pidió por favor que se
lo comiera. Dafne se lo comió con miedo.
Ya era de noche y era hora de acostarse... Dafne se acostó,
pero no dejaba de dar vueltas en la cama y de pensar
cuándo saldría de esa prisión. Las habitaciones eran de
dos, y solo había cuatro habitaciones en la U.I.B.
Al día siguiente a la hora de levantarse...
- ¡Arriba Dafne! He de tomarte la tensión, pesarte, ponerte
el termómetro y hacer que te duches-dijo el enfermero
de turno.
- ¡Ah, se me olvidaba! Yo me llamo Damián, y estoy aquí
hasta las 15:00 de la tarde. Cualquier cosa, puedes consultármela
-dijo el enfermero.
- ¿Cómo has dormido? -le preguntó a Dafne.
- Bueno, bien... dentro de lo que cabe. No es mi cama,
pero bueno... -dijo Dafne.
- Obviamente -le reafirmó a Dafne el enfermero.
- Déjame un brazo, por favor -dijo el enfermero.
- Bueno, tienes la tensión un poco baja, pero bueno, está
dentro de los límites -dijo el enfermero.
- Ponte el termómetro y ahora vendrá la auxiliar para
darte otro pijama y la ropa interior para que te duches -dijo
el enfermero saliendo de la habitación.
Dafne empezó a pensar que no todos eran como Raquel...
Pero todavía tenía miedo.
- ¿Me dejas el termómetro por favor? -dijo la auxiliar de
enfermería entrando a la habitación.
- Sí, claro -dijo Dafne con una voz miedica.
- ¿Te pasa algo? -preguntó la auxiliar.
- No, gracias por la preocupación -dijo Dafne.
- Vale, pues aquí tienes el pijama, la ropa interior, el
champú, el neceser y la toalla -dijo la auxiliar.
- Gracias -le dijo Dafne.
- Date prisa porque en media hora viene el desayuno
-dijo la auxiliar.
Dafne se levantó con los pelos de la cabeza como si hubiera
habido un huracán.
Dafne se dirigía hacia la pesa... La pesaron y luego se fue
al baño. Allí, una auxiliar le vigilaba:
- Mmmmmm.... ¿tengo que dejar la puerta para que tú
me veas cómo me ducho? -dijo Dafne avergonzada.
- Sí, lo siento... si quieres cierra un poco, pero solo un
poco -dijo Andrea, la auxiliar.
Dafne se quitó la ropa, abrió el agua y preguntó:
- ¿Debe estar así de fría?
- Deja que salga el agua fría y se irá calentando; de todos
modos, el agua la controlan en la oficina -dijo Andrea muy
educadamente.
Dafne esperó y esperó, pero nada. Tuvo que ducharse
con agua casi congelada. Salió de la ducha con los labios
morados.
Se lavó a lo rápido, ya que no soportaba el agua.
Luego era hora de desayunar. Y entonces...
- No tengo hambre -le dijo Dafne a Andrea.
- Tómate aunque sea la leche, si no luego se te hará peor
-dijo Andrea.
Era lunes, y se encontraban todos los profesionales en
la unidad de psiquiatría: psicólogo, psiquiatras, tres enfermeros,
una auxiliar y un celador.
- Te lo digo porque si no después te van a poner una sonda
-dijo Andrea.
Dafne no se creía nada, y dejó todo el desayuno allí. Se
sentía sola, con ganas de romper las paredes, y enfadada...
muy enfadada con todo el mundo.
Damián, muy educadamente, se sentó a su lado y le dijo
que comiera porque si no iba a ser peor y entonces le pondrían
una sonda. Dafne se negaba.
- Entonces, ¿por qué lado quieres que te ponga la sonda?
¿Por la derecha o por la izquierda? -dijo Damián.
- Quiero irme de aquí ya. Yo aquí no pinto nada, y si se
piensan que con sus amenazas me van a hacer comer, lo
tienen claro -dijo Dafne.
- Bueno, yo solo te aviso... y el que avisa no es traidor
-dijo Damián mientras se levantaba y se dirigía a la oficina.
- Dafne... Mira, yo tengo una hija como tú, es decir, soy
madre... y no me gustaría que te ataran en la cama y te
enchufaran un tubo por la nariz -dijo Andrea muy seriamente.
- A mí no me van a poner sonda ninguna, eso lo hacen
para que me asuste -dijo Dafne muy convencida.
- No, no Dafne. Yo no te tendría que decir nada, pero algo
escuché en la oficina, y lo dicen muy en serio. Hoy viene el
nutricionista y verás que no es broma -dijo Andrea.
Dafne se levantó del sillón y se dirigió hasta su habitación.
Se la encontró cerrada, así que volvió al salón. A ella
no le apetecía nada estar con los otros enfermos, y menos
con la patrulla de sanidad.
servido por Estefania
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16 Noviembre 2011
CAPÍTULO 10
Era la presentación de 1º de Bachillerato y ella
quería deslumbrar por todo lo alto. Se fue al
centro comercial y se compró un vestido azul cielo
con un escote no muy pronunciado, además de cortarse el
pelo por los hombros, en escalera, y teñírselo de ocre.
Todo el mundo le decía lo guapa que estaba, y, sobre
todo, porque estaba más gordita.
Empezó en el mismo instituto y el grupo de amigas que
tenía se había separado, ya que algunas se iban a otro Bachillerato,
repetían o dejaban el instituto. Solo quedaron
dos, Dafne y Beatriz, que se fueron por la rama científica.
Beatriz era mucho más inteligente que Dafne y, aunque
no se lo dijeran, competían en las notas. Pero a Dafne le
costaba muchísimo más que a Beatriz, ya que estaba todo
el día pensando en la comida.
Siempre fue muy tradicional la amiga de Dafne: pelo largo,
lacio, con una diadema siempre, de la misma altura que
Dafne, ojos claros, y muy observadora…
A Dafne le había tocado una clase en la que todas las chicas
eran muy coquetas: llevaban bolsitos bien monos con sus
pinturas dentro, y siempre con vestiditos bien monos. Dafne
y Beatriz se sentían fuera de todo ese grupo de “populares”.
En clase destacaba también otra chica por ser muy solitaria:
Alicia, que se hizo amiga de Dafne y Beatriz. Así,
volvían a ser un grupo de tres inseparables… Pero no todo
era de color de rosa ese año…
Alicia era muy dejada, y estaba repitiendo. Cuando había
que hacer proyectos en grupo, las tres se juntaban, pero lo
que era cierto es que Alicia casi nunca estaba en los proyectos
ayudando. Siempre tenía excusa para todo. Pero
Beatriz y Dafne la dejaban. Al fin y al cabo, eran amigas.
Le encantaban los dulces, pero siempre quería hacer dieta.
Dafne y Beatriz se reían de ella, ya que no era coherente
que estuviera todo el día comiendo bollería y luego quisiera
adelgazar.
Este trío empezó a deteriorarse en una excursión de tres
días a un campamento de baile. Alicia era hija de una profesora
de baile y se conocía a todo campamento. Dejó de
lado a Dafne y a Beatriz. Eso a ellas no les gustó y se fueron
antes de los tres días. Dafne, como era muy directa sobre
ciertas cosas, se lo dijo. Alicia se lo tomó bastante mal y la
dejó como la mala de la película.
Dafne al llegar a la casa no paró de llorar porque pensaba
que la había hecho daño, y a Dafne no le gustaba ser mala.
Dafne atravesaba una mala racha con sus padres y se volvió
gótica. Sus padres pensaban que se drogaba, y eso no
era así… lo que pasaba era que no quería volver al instituto.
Quería esconderse en su casa y no salir. Aquí empieza lo
más grave de su enfermedad.
Como había cortado la relación con sus padres y no le
gustaba salir, comía cuando le entraba el hambre (que era
en pocas ocasiones), y cuando se sentía acorralada se atracaba
y vomitaba.
Antes de acabar el instituto, Dafne no pudo más e hizo
sentir a Alicia como una verdadera basura… ella no quería
que la relación la acabara Alicia, sino ella misma. Así que
hizo una apuesta con un examen de Matemáticas diciéndole
a Alicia que era incapaz de aprobarlo. A cambio de eso
Dafne quería su dignidad.
Efectivamente… Alicia no aprobó el examen y a Dafne la
hizo sentir la más burra de toda la clase. Se rió de ella todo
lo que quiso. Por una vez se dio el gusto de ser mala.
Dafne se lo comentó a su madre, algo que a su madre
no le gustó nada. A Dafne no le importaba lo que pensara
su madre, sino sentirse por una vez superior a todas sus
enemigas.
Dafne suspendió dos asignaturas ese año, algo que ella
nunca se hubiera esperado. Se derrumbó, y pensaba que
no las sacaba.
Ese verano lo pasó bastante mal y quiso irse de viaje ella
sola. Se fue a Malta un mes antes de presentarse a los exámenes
extraordinarios.
La primera semana lo pasó realmente mal, ya que poco
sabía de inglés, y menos de maltés. Pero en pocos días conoció
a muchísima gente, cosa que le hizo bastante feliz.
No se preocupaba de la comida ni tampoco del peso, pero
sí llegó mucho más flaca a España, ya que no paraba de
caminar y comer comida casi sin calorías, pues hacía muchísimo
calor en Malta.
Al llegar al aeropuerto de Fuerteventura, Dafne había
perdido sus maletas. Habían llegado todas menos las suyas.
Muy enfadada y llorando se dirigió a la agencia de vuelos
para poner una reclamación.
Morgan, al ver cuánto peso había perdido su hija, se escandalizó:
- ¡Dafne! ¡Te dije que si ibas a Malta era con una condición,
y era que no volvieras más flaca! -dijo su madre.
- ¡Madre! Estoy nerviosa porque mis maletas no han aparecido
y tú te pones a echarme la bronca del siglo por bajar
un poco de peso -dijo Dafne.
- ¡Dafne! ¿No has visto que se te caen los pantalones? ¡No
solo es un poco de peso! ¡Te has quedado en el chasis!
- No seas exagerada. Ha sido un poco y ya… Además, mañana
tengo un examen y no tengo ganas de discutir, sino
de descansar, ¿vale? -dijo Dafne con voz afónica.
Dafne se presentó los dos días seguidos a los exámenes
extraordinarios que le habían quedado. Apenas había estudiado,
pero sacó esas dos asignaturas… para el asombro
de muchos.
Dafne llamó a su padre muy contenta:
- ¡Papá! ¡He aprobado las dos asignaturas!
- Eres una chica con suerte, ¿eh? -dijo su padre sorprendido
al ver que casi no estudió.
- ¡Padre, no digas eso!, si he aprobado es porque me lo
merezco y tengo cabeza -dijo Dafne.
- Cierto es, hija, ¡felicidades!
Dafne cogió un autobús hasta su casa y luego se puso a
dormir de todo el cansancio que había tenido ese mes.
Las maletas llegaron tres semanas después, cuando ya
casi iba a empezar las clases de nuevo.
Dafne no tenía ningunas ganas de volver al instituto… Ya
le tenía pavor a salir en su isla…
Dafne siguió bajando de peso y la nueva psicóloga y la
psiquiatra de la Seguridad Social ya estaban al loro.
La psicóloga y la psiquiatra le habían enviado batidos
proteicos para que no siguiera bajando de peso, ya que Dafne
se negaba a comer.
Los batidos no servían, ya que ella seguía bajando de
peso, así que no tuvieron otro remedio los profesionales
más que decidir que Dafne fuera a comer al centro de salud
con unas enfermeras. Esto tampoco resultó, ya que ella se
empezó a negar a tomarse los batidos y a comer con las
enfermeras.
Dafne llegó a un peso en el que corría peligro, así que la
psiquiatra la envió a la unidad de psiquiatría para que aumentara
de peso.
- Por favor, doctora, no me ingrese, intentaré por todos
los medios subir de peso en mi casa -dijo Dafne con ojos
llorosos.
- Dafne, si no lo has hecho bien hasta ahora estoy segura
de que en tu casa empeorarás más, y mi responsabilidad
es la de no matar a la gente -dijo la doctora dirigiéndose a
Dafne.
Su madre se encontraba con su hija en la consulta; ella no
tenía ni idea de que la ingresarían, pero estuvo de acuerdo
con la psiquiatra.
Dafne se fue corriendo al aseo del centro de salud para
ponerse a llorar. Ella no entendía por qué no la dejaban
perder peso si había mucha gente en la calle que hacía dietas
y cuyas vidas corrían peligro.
Dafne pensó que si la ingresaban, además de subir de
peso, perdería los estudios. De lo que ella no se daba cuenta
era de que ya tenía perdido el curso, ya que su cabeza
solo se centraba en perder peso.
La trasladaron en una ambulancia hasta el hospital. Ella
no paraba de llorar. No quería ir. Pero la decisión ya estaba
tomada.
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16 Noviembre 2011
CAPÍTULO 9
Se encontraba en 4º de la E.S.O., en el mismo
instituto donde se había mudado a los 12 años.
Siempre le tocaban las clases de la 3º planta, pero
eso a ella le gustaba muchísimo más, ya que debía subir
escaleras y para ella eso significaba hacer ejercicio. Daba
igual cómo.
Todo ese tiempo había estado con la bulimia, algo que los
padres sabían; no obstante, no conocían la gravedad por la
que estaba pasando su hija al verla con un peso razonable,
pues con la bulimia, normalmente, o subes de peso o sigues
en el mismo.
Se hizo amiga de un grupito de chicas. Por una vez se
sintió arropada por unas amigas, pero eso no la quitaba de
seguir vomitando. Intentaba hacer ejercicio y vomitar todo
lo que tenía en el estómago.
Desde que empezó a bajar de peso las críticas en el pueblo
corrían como serpientes. El pueblo se aburría… los que
no tenían que trabajar se sentaban en una plaza a criticar
a los demás, ya que ese pueblo no constaba de muchos habitantes,
y todos se conocían. A ella no le gustaba que la
señalaran por enferma, así que volvía a coger el peso para
que no se dieran cuenta.
Tenía épocas mejores y peores…
Empezó a meterse otra vez en páginas pro anorexia y pro
bulimia, donde se hizo amiga de Internet muy lejana. Se
daban trucos una a la otra y hacían carreras de perder peso.
Por entonces, las que eran sus amigas del instituto intentaban
que no vomitara y que saliera de esa pesadilla. Pero
todo esto solo lo podía parar Dafne.
Su padre no podía más, no podía dejar el trabajo, ni tampoco
su esposa, para vigilar lo que comía, así que entre los
dos decidieron que fuera a la casa de su abuela a comer.
Dafne fue a comer a casa de su abuela paterna, Antonia,
durante unos meses, pero seguía con lo mismo, así que los
padres decidieron que dejara de ir a casa de Antonia, ya
que no tenía mucho sentido.
Por ese tiempo Dafne se sumergía en los estudios. No paraba
de estudiar, quería sacar 10 en todo; así que se pasaba
el día estudiando, comiendo y vomitando.
Dafne era la mejor de su clase en Química. Le encantaban
la Química y todos esos problemas. Se relajaba con los
problemas…
Se ganó la confianza de la profesora y fue una de las ele41
gidas para ir a la miniolimpiada de Química con las otras
dos mejores en la asignatura.
Dafne no ganó nada, pero se lo pasó en grande. Quien sí
se quedó en 5º lugar fue una compañera de ellas.
Después de las miniolimpiadas venía el mes del cumpleaños
de Dafne…
Ella, de una vez por todas, podía celebrar su cumpleaños,
así que lo haría a lo grande: se iban a un spa y luego al cine.
Los estudios los sacó todos con Sobresalientes. Contenta
ella de lo que había sacado, sus padres le compraron para
el verano una piscina desmontable… de las más grandes.
Todas sus amigas venían a la piscina de Dafne y ella se lo
pasaba bomba.
Por ese tiempo, Dafne ya tenía dos sobrinos de la misma
madre, Carmen. A Dafne le encantaba jugar con sus
sobrinos y les tenía tal aprecio que no quería despegarse
de ellos. Robert y Andrés, se llamaban. Uno se parecía a la
familia de Danilo, Robert, y el otro, Andrés, a la familia de
Carmen.
Ese verano hizo como una pausa en su enfermedad. Comía
lo que quería, pero no se le quitaba de la cabeza lo gorda
que se encontraba.
Pasó el verano y ya era hora otra vez de volver a las
clases…
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16 Noviembre 2011
CAPÍTULO 8
Sus padres y hermanas pensaron que con un cambio
de zona y de amistades dejaría la “bobería” de
adelgazar.
Pero todo esto solo había comenzado…
Dafne, ahora, cuando llegaba del instituto comía sola en
casa, así que aprovechó y empezó a no comer cuando salía
del instituto; hacía que comía y se lo echaba todo al perro.
Luego se acostaba a dormir. Sentía que tenía un control.
Después se agravó y dejó de desayunar, y así hasta que
empezó a esconder la comida de la cena en cajas de zapatos.
Morgan veía cómo su hija en poco tiempo se estaba deteriorando,
y le hizo una revisión en toda la habitación,
donde Dafne tenía un espejo en el armario. No dejaba de
mirarse en él en todo el día. Morgan se encontró bastantes
cosas, y no solamente ropa… Comida, libretas con números
de Kcal, etc.
Venía del balneario cuando su madre le dijo muy enfadada:
- Dafne, vaya a la cocina y explíqueme qué es aquello.
La casa era un poco rara, en forma de “L”, y para llegar a
la cocina debía pasar por un patio exterior.
- ¡Madre! ¡Has estado espiando en mi habitación! -dijo
Dafne indignada.
- ¡Dígame qué es eso, Dafne! -gritó Morgan.
Morgan se había encontrado con la cena del día anterior
en una caja de zapatos bastante bien acondicionada para
dejar comida dentro. Ese día Dafne no había podido tirar
esa comida, así que la había dejado para echársela al perro
al día siguiente… Pero no pudo echársela al perro, ya que
se fue con sus hermanas y su cuñado Danilo al balneario.
Dafne, avergonzada de que su propia madre la hubiera
pillado, se metió debajo de las mantas de la cama y no paró
de llorar. Dafne no le dio ninguna explicación a su madre…
Pero todo estaba dicho.
Morgan se lo comunicó a su marido Vicente, que no se lo
podía creer. Algo sentía que pasaba con la hija, pero nunca
había pensado que escondiera la comida.
Morgan llevó a su hija a su médico de cabecera y la derivaron
a un psicólogo de la Seguridad Social. Iba a pasar
tiempo hasta que la psicóloga de turno la viera. Así que
Morgan se puso las pilas y empezó a mirar psicólogos privados
por todos los sitios… No quería perder a su hija.
Morgan mintió a Dafne diciéndole que se iban de viaje
para relajarse y Dafne, contenta, hizo la maleta y se fue con
su madre.
La verdad es que no todo era para encontrar relax…
- Dafne, acompáñame al médico que no estoy bien -le
dijo Morgan a su hija.
- Vale madre, voy contigo -dijo Dafne convencida.
Una hora más tarde, Morgan e hija entraban en unas
consultas privadas…
- Tenía cita con el psiquiatra -dijo Morgan a la secretaria.
- ¿Para usted o para su hija?
- Para mi hija.
- ¿¡Qué!? -dijo Dafne sorprendida.
- Sssssssuuuuhhh…-le susurró su madre-. Ahora te explico.
- Son 90 euros, por favor -dijo la secretaria.
Morgan se los dio y ésta les guió hasta la consulta del
doctor especializado en anorexia y bulimia: subiendo unas
escaleras de caracol. Luego se sentaron en la sala de espera,
en la que había muchísima gente.
Ya sentadas, Dafne se dirigió a la madre:
- Mamá, ¿por qué has hecho eso sin darme ninguna explicación?
- Hija, no podemos perder el tiempo. Cada vez comes
menos y pierdes más peso. No puedo dejarte morir.
Las interrumpió el doctor...
- ¡Dafne González! –gritó.
- Aquí está -dijo la madre.
Dafne entró a la consulta con cierto miedo por lo que le
dijera el médico…
- Hola guapa, ¿cómo te llamas? -se dirigió el doctor a Dafne.
- Dafne, como usted me ha llamado antes -dijo ella con
cierto retintín.
- ¿Qué edad tienes Dafne? -le preguntó el doctor.
- 12 años –contestó ella.
- Bueno, ¿qué es lo que le pasa a su hija? -se dirigió el
doctor a Morgan.
- Le he encontrado comida escondida y ha perdido bastante
peso -dijo Morgan.
- Bueno, vamos a hacerle un test y unas preguntitas a tu
hija, además de pesarla cada 15 días -dijo el doctor.
Dafne había mentido en casi todo, y el diagnóstico fue
algo diferente al que tendría que haber sido.
Se le recetaron unas pastillas para que le diera hambre, y
en 15 días tenía que volver sin haber bajado una pizca.
Dafne sobreexaltada empezó a esconder la pastilla y a no
tomársela.
Morgan no entendía nada, pero lo que sí veía era que esas
pastillas no le hacían nada de efecto a su hija.
A los 15 días, Morgan y Dafne fueron a la consulta del
doctor.
- ¡Dafne González! -volvió a gritar con esa vocecita el
doctor.
- Aquí, doctor -respondió Morgan.
Entraron a la consulta, que solo tenía un despacho con
una mesa central; era demasiado pequeña para un especia38
lista tan reconocido. Dafne se encontraba bastante reactiva
a sus contestaciones; no quería hablar, ya que no le caía
nada bien el doctor, así que habló su madre, Morgan:
- Bueno, no he visto mejoría en estos días, y come igual
o peor.
- No es cierto madre -saltó Dafne.
- Bueno, vamos a pesarla a ver en cuánto está -dijo el
doctor.
Dafne había bajado dos kilos en dos semanas…
- Lo siento Dafne, pero tengo que hacer un escrito para
que su médico de cabecera la pueda enviar a un centro. No
podemos perder más tiempo porque si no esto se puede
agravar muchísimo -dijo el doctor muy preocupado.
- ¡Ni hablar! -gritó Dafne.
- Lo siento señorita, pero es lo que debo hacer, aunque
ahora no lo entiendas -dijo el doctor.
- Dafne, ¡cállese! El doctor sabe lo que tiene que hacer
-dijo Morgan.
Llegaron a su casa y Dafne empezó a comer de todo,
como si la comida se fuera a ir. Los padres, al ver que con
decirle que se iba a un centro comía, dejaron un poco de
lado lo de trasladarla a un centro. Ella empezó a coger peso
y a ir a las consultas que le correspondían con el psicólogo
de turno. Dafne era demasiado inteligente, y sabía por
dónde iban los tiros de todos aquellos psicólogos, ya que
cambiaba cada seis meses de psicólogo de la Seguridad Social.
Ella no tenía ninguna confianza con ninguno, así que
no les contaba lo que en realidad pensaba.
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16 Noviembre 2011
CAPÍTULO 7
Lucía empezó a sospechar sobre su hermana, ya
que no paraba de mirarse a los espejos y decir
que estaba gorda. También empezó a sospechar
porque había dejado de merendar y cenar.
- Mamá, Dafne está más flaca y no come por las noches.
Morgan no le dio tanta importancia:
- Está pasando una mala época, Lucía, ya se le quitará
-dijo Morgan.
Lucía sabía que no solo era una mala época, sino que estaba
entrando en una enfermedad de la que ni Dafne se
estaba dando cuenta.
- Dafne, a partir de ahora comerás lo que yo como y delante
de mí -dijo su hermana Lucía muy preocupada.
Dafne ya casi no se relacionaba con sus compañeros y
amigos. Estaba en el instituto y la mayoría de los de su clase
la llamaban gorda por la envidia de sus notas.
No se despegaba del ordenador, y lo peor de todo era que
había descubierto en Internet unas páginas a favor de la
anorexia y la bulimia. Ahora ella hacía lo que le decían las
“profesionales”, a rajatabla. Quería llegar al peso de las que
en su día ella pensaba que eran sus amigas de Internet.
Venía del instituto llorando porque la llamaban gorda y
casi ni comía. Lo único era el ordenador.
Un día, su hermana Lucía, al ver que no se despegaba
del ordenador y que perdía peso a tutiplén empezó a investigar
a Dafne y a ver sus conversaciones del Messenger.
Y… ¡plasss! Se encontró con montón de información
sobre cómo vomitar, trucos para que no supieran que no
comía, etc.
Se lo comunicó a sus padres y después se lo dijo a su hermana
menor, Dafne. Dafne no paró de llorar al ver que su
hermana se había enterado. Ya no podía hacer mucho, y
menos conectarse. Quitaron Internet y no dejaban que se
conectara.
Dafne, al ver la reacción de sus hermanas Lucía y Carmen,
empezó a comer un poco más. Le costaba a mares,
pero debía hacerlo si quería engañarlas más adelante. Pero
tenía tan metido en la cabeza adelgazar que intentaba por
todos los medios comer lo menos posible.
Cogió algo de peso y se quitó un poco de encima a sus
hermanas. Aunque ella se sentía bastante gorda y no paraba
de llorar, ya que no podía hacer lo que ella quisiera.
Lucía estaba preparada para irse a estudiar a la universi33
dad, así que Dafne quiso mudarse del pueblo donde nació.
Sus padres estuvieron de acuerdo, y se mudaron con ella a
otro pueblo de las afueras donde tenían terrenos.
Cambio de ámbitos, de amigos y de instituto. Ahora era
la novata en todo esto…
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